
Yo era una de ésas que lo admiraba desde un manual, y que mirando su retrato -un poco falseado- no podía comprender la grandeza de ése héroe que sobre su caballo liberó a Chile, Perú y la misma Argentina del poder español.
Estaba bien lejos de mí, y estoy segura que también de todos mis compañeros de clase. Lejos, intocable, inalcanzable, intachable en todo lo que hizo.
Hasta que empecé a leer más. Y llegué a un libro de García Hamilton "Don José" y empecé a descubrir a una persona y no a un batman de historietas.
En homenaje a un hombre que lleno de errores, luchó por sus ideales y que no merece quedar frío y congelado en el tiempo, y mucho menos ser minimizado a ser el héroe que no fue o una palabra tan vacía como prócer.
A mi entender, fue un hombre, con todo lo que eso significa, con dudas, con matices que lo acercan maravillosamente a cualquiera de nosotros/as y que por ende cualquiera de nosotros puede seguir.
Un hombre de contrastes, criado en España, guerreando para la corona; nutrido más tarde con ideales de la Revolución Francesa que lo inspira a regresar a su tierra natal para unir fuerzas militares contra la misma realeza española, integrante de una Logia que dió forma a su filosofía de vida y cuyos principios antepuso ante cualquier demanda del gobierno porteño.
Un hombre que se negó a levantar armas contra hermanos latinoamericanos, cuando el gobierno central de Buenos Aires exigía hacerlo (y de hecho lo hizo). Un hombre que aplicó disciplina en las filas milicianas, y no dudo en "dar el ejemplo" ante la rebeldía de alguno de sus soldados al acatar sus órdenes. Un hombre que no contó nunca con el apoyo del gobierno de turno y que no se rindió para seguir adelante. Un hombre que sufrió discriminación por su color de piel y sus orígenes y que -sin embargo- con orgullo los hacía notar.
José de San Martín, ni prócer, ni héroe. Un hombre ejemplar y fiel a sus ideas. En fin, un orgullo que -para mi- no queda en el tiempo, y que está más presente que nunca en nuestros ideales de LIBERTAD
17 de Agosto.
